sábado, 29 de abril de 2017

CRITICAR

Criticar es realizar un examen sobre algo o alguien. Nadie está a salvo de la crítica, en pocas ocasiones resulta positiva ya que la mayoría de las veces no deja de ser un mal sinónimo de la envidia. Enjuiciar a alguien simplemente porque no piensa igual que nosotros o porque está de moda vapulear a “ése” no deja de demostrar que pertenecemos al redil de los disconformes. Discrepar es muy saludable para muchas cosas, digamos que lo es para la propia salud mental, lo es también para la convivencia y especialmente para la democracia. Por ende nosotros, seres sociales que convivimos en democracia (o al menos pretendemos hacerlo) y pensamos coherentemente, por esta simple regla de tres no deberíamos perder nuestra personalidad ni los ideales que, poco a poco, vamos escondiendo detrás de influencias de determinados colectivos. Repetir sin analizar, como simples papagayos lo que el líder de turno proclama en directo o a través de otros puede parecer tan ridículo para el intelecto, que el hecho pasa de la simple torpeza a la incultura. Criticar por criticar, porque está de moda pertenecer a los censuradores de todo pensamiento, palabra u obra que no se adapte fielmente al ideal o filosofía que se nos quiere inculcar, es dar carta libre para que otros dirijan nuestros pensamientos. La crítica puede hacerse con palabras, o lo que está de moda hoy por hoy, a través de posts que se copian miles de veces. Algunos realizados con algún acierto, pero la mayoría con muy mala leche porque se critica todo lo que no se puede ser u obtener. Eso sí, tratando de que la última intención pase casi desapercibida al ingenuo mensajero. Si a la cabeza pensante (porque siempre el o la que dirige la batuta piensa mucho aunque casi nunca lo deja entrever), decía que si a la cabeza pensante se le ocurre hundir la reputación de alguien que no le cae bien; criticar lo que otro gana honradamente simplemente porque es una suma que está muy por encima de sus posibilidades; machacar una forma de vida hasta destruirla para así poder instituir la que ya, previamente ha elegido para nosotros, ¿por qué someter ante ella nuestra personalidad? ¿qué nos obliga a trabajar actuando como loros o dándole compulsivamente al botón de compartir? A mi no me pagan por hacerlo y si me pagaran puedo asegurar que antes de actuar utilizaría eso que tenemos los humanos y nos hace diferentes a los animales, me refiero a un cerebro desarrollado para pensar. Y como ésto que he escrito también es una crítica no la hago en forma anónima, lo que pienso, con el orgullo de poder hacerlo libremente, lo firmo ®Graciela A. Vera Cotto

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